Las peleas de perros en Amores Perros son el epítome de la violencia, la agresión, la rivalidad y la conquista. Son horribles y sangrientos y difíciles de ver. También son el epítome del machismo. No hay nada más macho que poner a tu perro bruto a pelear hasta la muerte contra el perro bruto de otro hombre, y luego tomar el dinero de ese hombre.
El machismo es evidente en el comportamiento y la violencia de la mayoría de los hombres de la película, más obviamente Ramiro y, más sutilmente, Octavio y Daniel. Es un tema que es bastante común en muchas películas mexicanas y es claro en todas las películas que hemos estudiado en esta clase, dado su prominencia en la cultura mexicana. Sin embargo, la alegoría física de Iñárritu del machismo en forma de peleas de perros es interesante y muy inteligente. Muestra el género como una actuación de la misma manera que las peleas son una actuación. En un contexto mexicano, se espera que los hombres actúen o se comporten de ciertas maneras. Se les enseña a competir entre sí, encerrados en roles de género restringidos de la misma manera que los perros compiten hasta la muerte en espacios cerrados y restringidos. En ambos casos también, son rodeados y alentados por otros hombres.
La forma en que Iñárritu retrata esto, en forma de escenas excesivas y grotescas, provoca una reacción física. A mí, la brutalidad de la película - básicamente dos horas y media de violencia y sangre con muy poca suavidad o alivio - es otra representación del machismo. De manera similar, todas las escenas de sexo no implican mucha sensualidad o romanticismo. La representación de Iñárritu de la masculinidad como una representación de género y un retorno al instinto animal está perfectamente ligada a la forma en que los perros, en general, representan a los personajes.
En un chocante giro de los acontecimientos, este retrato del machismo provocó simpatía en mí. Iñárritu capta bien la presión de cómo los hombres deben comportarse en la sociedad mexicana.
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